Diez años después de Fukushima la seguridad sigue siendo el mayor reto de la energía nuclear

Un investigador del la Agencia de la Energía Atómica señala el Reactor 3 en la planta de Fukushima Daiichi el 27 de mayo de 2011. Greg Webb, IAEA/Flickr, CC BY-SA

Hace diez años, el 11 de marzo de 2011, el mayor terremoto jamás registrado en la historia de Japón sacudió la costa noreste del país. A este terremoto le siguió un tsunami que se adentró hasta diez kilómetros en tierra, y cuyas olas llegaron a alcanzar alturas superiores a los 43 metros en algunas zonas. En solo unos segundos barrió del mapa ciudades enteras.

El desastre dejó un saldo de cerca de 20 000 muertos y desaparecidos. También destruyó la central nuclear Fukushima Daiichi y desperdigó materiales radioactivos por un área muy extensa. El accidente provocó grandes desplazamientos de población y cuantiosas pérdidas económicas, y también precipitó la decisión de apagar todas las centrales nucleares de Japón. Una década después la industria de la energía nuclear aún tiene pendiente el cumplimiento pleno de todos los requisitos de seguridad que el desastre de Fukushima dejó al descubierto.

Somos dos académicos, uno especializado en ingeniería y otro en medicina y políticas públicas, y hemos asesorado a nuestros respectivos gobiernos en temas de seguridad relativos a la energía nuclear. Kiyoshi Kurokawa presidió una comisión nacional independiente conocida como NAIIC y auspicia por la Dieta de Japón para investigar los motivos que estuvieron en el origen del accidente de Fukushima Daiichi. Najmedin Meshkati fue miembro y asesor técnico de un comité creado por la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos para determinar las lecciones que se podían aprender de este suceso, y a partir de ellas hacer que las centrales nucleares estadounidenses fueran más fiables y seguras.

Estos análisis y muchos otros concluyeron que el episodio de Fukushima fue un accidente que, aunque desencadenado por factores medioambientales, estuvo motivado por fallos humanos que podían y debían haber sido evitados. Entre los expertos se produjo un amplio consenso sobre el hecho de que las causas fundamentales del accidente fueron la permisividad de los mecanismos de supervisión en Japón y una cultura de la seguridad ineficaz en la empresa que operaba la central.

Estos problemas ni mucho menos son exclusivos del país asiático. Y es que, en la medida en que hay centrales nucleares comerciales por todo el mundo, creemos que es fundamental que todos los países aprendan las lecciones de Fukushima y sigan mejorando la seguridad de sus instalaciones.

Muestra de cómo el terremoto de 2011 y el tsunami posterior destrozaron la central nuclear de Fukushima Daiichi. Imágenes tomadas un mes después del desastre.

Fracaso a la hora de trazar una buena planificación y anticiparse

El desastre de 2011 asestó un doble golpe devastador a la planta de Fukushima. Primero el terremoto de magnitud 9 cortó el suministro eléctrico que venía del exterior, y luego el tsunami abrió una brecha en el muro de protección que separaba el complejo del mar e inundó varias de sus zonas.

Estas inundaciones inutilizaron los mecanismos de monitorización, control y refrigeración de varias unidades del complejo, que poseía seis reactores. Y a pesar de los esfuerzos heroicos de los trabajadores de la central, tres reactores sufrieron graves daños en sus núcleos radioactivos y tres edificios de reactores se vieron afectados por las explosiones de hidrógeno.

Las fugas de materiales radioactivos contaminaron el suelo de Fukushima y el de varias prefecturas vecinas. En torno a 165 000 personas tuvieron que abandonar la zona, y el Gobierno japonés estableció una zona de exclusión en torno a la planta que, en su momento de mayor extensión, abarcó 807 kilómetros cuadrados.

Por primera vez en la historia del Japón constitucional y democrático, el Parlamento aprobó una ley para la creación de una comisión nacional independiente que investigara las causas del desastre. En su informe, dicho organismo concluyó que la Comisión de Seguridad Nuclear del país nunca había sido independiente ni respecto al sector ni respecto al poderoso Ministerio de Economía, Comercio e Industria, partidario del uso de la energía nuclear.

Por su parte, la empresa operadora de la planta, la Tokyo Electric Power Company (TEPCO), tenía antecedentes de incumplimientos en asuntos de seguridad. La empresa, además, había distribuido poco antes del desastre un informe de previsión de riesgos ante tsunamis relativo a la planta de Fukushima en el que claramente se subestimaba la amenaza.

La energía nuclear es responsable de la generación del 10 % de la electricidad mundial (TWh = teravatios/hora). Actualmente se están construyendo 50 nuevas centrales, pero muchas de las que hoy están en activo están muy envejecidas. World Nuclear Association, CC BY-ND

Lo que ocurrió en la central nuclear de Onagawa, situada a 64 kilómetros de Fukushima, supone una historia muy distinta. La planta de Onogawa, que era propiedad y estaba operada por la Tohoku Electric Power Company, estaba más cerca del epicentro del terremoto. Y el impacto del tsunami en ella fue aún mayor. Tres de sus reactores, además, eran del mismo tipo y tenían la misma antigüedad que los de Fukushima, y estaban sometidos a una regulación de supervisión igualmente laxa.

Pero la central de Onogawa se apagó de forma segura y resistió sin daños graves. En nuestra opinión, esto se debió a que la planta de Tohoku tenía una cultura de seguridad muy bien establecida y de carácter proactivo. La empresa había aprendido de terremotos y tsunamis ocurridos en otros lugares (entre ellos el gran desastre de Chile de 2010) y no había dejado de mejorar sus medidas de prevención. TEPCO, sin embargo, pasó por alto o ignoró estas lecciones.

Captura regulatoria y cultura de la seguridad

Cuando una industria sometida a regulación se las arregla para embaucar, controlar o manipular a las agencias que la fiscalizan, volviéndolas serviles e ineficaces, el resultado se conoce como captura regulatoria. Tal como concluyó el informe de la NAIIC, Fukushima era un ejemplo de manual de este fenómeno. Según el informe, los reguladores japoneses “ni monitorizaron ni supervisaron la seguridad nuclear […] Evitaron llevar a cabo sus responsabilidades fundamentales al permitir que los operadores de las plantas aplicaran las regulaciones de forma voluntaria”.

La seguridad nuclear precisa de una regulación efectiva. Además, también es necesario que las plantas se doten de forma interna de una cultura de la seguridad, es decir, de un conjunto de actitudes y pautas de trabajo que conviertan los temas de seguridad en prioridades absolutas. Para un sector económico, la cultura de la seguridad equivale al sistema inmunitario del cuerpo humano, pues dicha cultura también protege frente a patógenos y pone freno a las enfermedades.

Una central que impulsa una cultura de la seguridad adecuada favorecerá que los empleados hagan preguntas y apliquen un punto de vista riguroso y prudente a todos los aspectos de su trabajo. También mejorará la comunicación entre los operarios y la dirección. Pero la cultura empresarial de TEPCO reflejaba una mentalidad típicamente japonesa en la que se primaban las relaciones jerárquicas y la obediencia y se penalizaba hacer preguntas.

Hay numerosas evidencias científicas de que existen factores humanos, como errores de las empresas operadoras o una cultura de la seguridad deficiente, que tuvieron un papel instrumental clave en los tres accidentes más graves que se han producido en centrales nucleares: el de Three Mile Island en Estados Unidos en 1979, el de Chernobyl en Ucrania en 1986 y el de Fukushima Daiichi en 2011. Y, a menos que los países que en este momento disponen de energía nuclear lo hagan mejor en ambos puntos, es probable que esta lista crezca.

Grado de seguridad nuclear global: Incompleto

Hoy existen 440 centrales nucleares en funcionamiento en todo el mundo, y se están construyendo en torno a 50 más en países como China, India, Pakistán, Bangladesh, Bielorrusia, Turquía o Emiratos Árabes Unidos.

Muchos partidarios de las centrales nucleares argumentan que, dada la amenaza del cambio climático y la necesidad creciente de generación de electricidad que no provenga de fuentes generadoras de emisiones de carbono, la energía nuclear debería tener un papel en el futuro mix energético global. Otras personas, sin embargo, son partidarias de abolirla; pero esto último no parece que vaya a ocurrir en un futuro próximo.

Desde nuestro punto de vista, las prioridades más urgentes son el desarrollo de estándares de seguridad más exigentes orientados al conjunto del sistema, el establecimiento de culturas de la seguridad robustas y la profundización en los lazos de colaboración tanto entre los distintos países como entre sus autoridades reguladoras independientes. En Estados Unidos estamos viendo con preocupación cómo ciertos indicadores apuntan a que la independencia del regulador se está debilitando, y también que las centrales se resisten a las presiones para interiorizar y llevar a cabo una serie de prácticas de seguridad internacionalmente aceptadas; prácticas como la de poner fios adicionales para evitar fugas radioactivas procedentes de edificios de contención de reactores que poseen las mismas características que los de Fukushima Daiichi.

Un hombre con un traje antirradiación con respirador.
Najmedin Meshkati, uno de los autores de este artículo, resiste un terremoto agarrado a una barandilla de la sala de control de la central Fukushima Daiichi durante una visita en 2012. Najmedin Meshkati, CC BY-ND

Para nosotros, la lección más importante es la referida a la necesidad de contrarrestar el nacionalismo y el aislacionismo nucleares. La cooperación estrecha entre los países que están desarrollando proyectos nucleares resulta esencial por el auge de las fuerzas del populismo, el nacionalismo y el antiglobalismo.

También creemos que la Agencia Internacional de la Energía Atómica, cuya misión es impulsar el uso pacífico, fiable y seguro de la energía nuclear, debería urgir a sus estados miembros a que encuentren un equilibrio entre soberanía nacional y responsabilidad internacional cuando se trata de operar los reactores nucleares en sus respectivos territorios. Como bien le enseñaron al mundo los casos de Chernobyl y Fukushima, las fugas radioactivas no se detienen ante las fronteras nacionales.

Como primer paso, los países del Golfo pérsico deberían dejar a un lado sus disputas políticas y reconocer el hecho de que, con la puesta en marcha de una central nuclear en Emiratos Árabes Unidos y con otras planeadas en Egipto y Arabia Saudí, todos ellos tienen un interés compartido en garantizar la seguridad nuclear y en promover una respuesta colectiva en caso de emergencia. Y es que toda la región sería vulnerable a un escape radioactivo o a la contaminación del agua en caso de que se produjera un accidente nuclear en cualquier punto de la zona.

Creemos que el mundo sigue en el mismo punto crítico en el que se encontraba en 1989, cuando el entonces senador Joseph R. Biden Jr. esgrimió un perspicaz argumento:

“Hace una década, Three Mile Island fue la chispa que encendió la pira funeraria de lo que una vez fue concebida como una fuente de energía prometedora. Ahora que, en el actual contexto de calentamiento global, la industria nuclear le pide a la nación que vuelva a revisar este asunto, parece justo tener en consideración los esfuerzos que hacen los partidarios de esta energía para fortalecer los mecanismos de supervisión de la seguridad. Esto marcará la pauta y determinará si la energía nuclear se extingue, o por el contrario se convierte en un ave fénix.”

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Kiyoshi Kurokawa, MD, MACP, es profesor emérito de la Universidad de Tokio y profesor del Instituto Nacional de Posgrado de Estudios Políticos de Tokio. Fue presidente de la Comisión de Investigación Independiente del Accidente Nuclear de Fukushima de la Dieta Nacional de Japón, que publicó su informe oficial en julio de 2012. Es autor del libro 'Captura regulatoria: ¿Cambiará Japón?'

Najmedin Meshkati, Doctor en Ciencias, CPE, es profesor de Ingeniería Civil/Medioambiental, Industrial y de Sistemas, y de Relaciones Internacionales en la Universidad del Sur de California (USC). Enseña e investiga sobre la seguridad de los sistemas tecnológicos y ha visitado muchas centrales nucleares de todo el mundo, como Chernóbil (1997), Mihama (1999) y Fukushima Daiichi y Daini (2012). Fue miembro y asesor técnico del Comité de la Academia Nacional de Ciencias/Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos sobre las lecciones aprendidas del accidente nuclear de Fukushima para mejorar la seguridad de las centrales nucleares de Estados Unidos.

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CORD-19: Buscador semántico de información científica para hacer frente a la pandemia

Shutterstock / PopTika

Vivimos una pandemia de origen y alcance sin determinar que requiere de grandes esfuerzos para frenar sus efectos. La coordinación de científicos, políticos y ciudadanía, con el apoyo de muchas empresas tecnológicas, es un hecho singular que afecta positivamente a la investigación científica en un espacio muy breve de tiempo, generando herramientas de búsqueda basadas, muchas de ellas, en tecnologías semánticas.

La descripción de la documentación científica, la normalización terminológica vía tesauros y facetas, la minería de datos y el desarrollo de sistemas interoperables han permitido, en un tiempo récord, generar una amplia variedad de fuentes de información alrededor del coronavirus (artículos, casos clínicos, datos epidemiológicos, evidencias o patentes).

La reacción en cadena de editoriales, universidades, centros de investigación y empresas tecnológicas ha propiciado una diseminación de la información científica sobre la covid-19, paralela al ritmo de contagio del propio virus, que algunos autores califican de “revolución”.

Buscadores de información

Revistas biomédicas como New England Journal of Medicine, Lancet, Nature, Science o British Medical Journal han publicado abundante material bibliográfico en abierto. Además, las editoriales han creado espacios de información con búsquedas predefinidas por los principales tópicos (Cambridge Core Coronavirus Free Access Collection, EBSCO Covid-19, Elsevier Coronavirus Research Repository, etc.).

Por otra parte, los repositorios temáticos ofrecen artículos y ‘preprints’. Entre ellos podemos encontrar MedRxiv, Biorxiv o Pubmed. Esta última, por ejemplo, ha añadido publicaciones relacionadas diariamente desde principios de enero, con un pico de 300 artículos en un solo día.

Las grandes plataformas bibliográficas y los buscadores académicos también permiten acceder a los documentos mediante búsquedas predeterminadas, filtros y conjuntos de datos estructurados (Dimensions, Kaggle, Google Dataset Search, Semantic Scholar, etc.). También están involucrados el buscador de patentes Lens (patentes) y el de casos clínicos, Kahun.

Las autoridades sanitarias, universidades, sociedades científicas y centros de investigación han desarrollado servicios informativos: National Institutes of Health, Centers for Disease Control and Prevention, Organización Mundial de la Salud y el Centro de Recursos de Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins, el punto informativo más conocido.

La emergencia informativa no solo recae en el ámbito científico, sino también en el político y social. Ello propicia una enorme proliferación de datos de distinto tipo, estructura, formato y cobertura, saturando su localización y gestión.

Centro de Recursos del Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins. Johns Hopkins University

¿Cuántos tipos de buscadores existen?

Es preciso diferenciar entre ellos. Podemos encontrar los estadísticos (epidemiológicos), terminológicos (semánticos) y bibliográficos. Los primeros se nutren de las series estadísticas aportadas por las administraciones e instituciones sanitarias. Esta información no suele disponerse en formatos y estructuras limpias para su reutilización. Además, necesita del desarrollo de herramientas de visualización y actualización para la toma de decisiones y para su difusión en medios de comunicación.

Para ello suelen utilizarse infografías y visualizaciones de datos, donde destacan ‘Information is beautiful’ y el mapa de la Universidad Johns Hopkins, enlazado a más de 200 000 sitios web y referente de los medios de comunicación.

Por su parte, los conjuntos de datos terminológicos son fundamentales en la gestión de información. Por ejemplo, hay distintos lenguajes controlados, como MESH o DeCS, que poseen un valor equiparable a la propia producción científica porque aumentan la precisión al recuperar información.

Al mismo tiempo, los conjuntos de datos bibliográficos recogen datos estructurados de investigación y agregan contenido desde otras fuentes. Además, es la base para el desarrollo de buscadores basados en conceptos y mapas de relaciones.

Sin embargo, la sobrecarga informativa producida por la vasta producción científica es más un problema que una ayuda si no se dispone de sistemas de recuperación de información adecuados. Los buscadores web convencionales no sirven para cribar la información útil.

Por ello, ha rebrotado la importancia de la descripción documental en estos conjuntos de datos y se apuesta claramente por la inteligencia artificial (IA) y la minería de datos, poniéndose a disposición de los investigadores prototipos que no habían tenido suficiente audiencia e interés hasta ahora.

Se precisa un nuevo paradigma para recuperar información que filtre entre la inmensa plétora de resultados. El reto es tremendo por el volumen y por trabajar al unísono con artículos revisados, ‘preprints’ y una heterogénea colección de fuentes oficiales. Es un verdadero desafío para la recuperación de información y, además, hay una gran urgencia en disponer de la misma.

CORD-19: Recopilación de datos sobre SARS-CoV-2

Por eso, en respuesta a esta gran cantidad de datos, el Instituto Allen y la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología de Estados Unidos pusieron en marcha un recurso de libre acceso para la comunidad investigadora, llamado CORD-19, que engloba datos de investigación abierta sobre covid-19. Cuenta con 280 000 artículos académicos, incluyendo más de 150 000 con texto completo, sobre covid-19, SARS-CoV-2 y coronavirus relacionados.

Este recurso se puso en marcha el 16 de marzo de 2020 y participaron también la Biblioteca Nacional de Medicina (NLM), la iniciativa Chan Zuckerberg, Microsoft Research Asia y el contenedor de datos Kaggle, coordinado por el Centro de Seguridad y Tecnologías Emergentes de la Universidad de Georgetown.

CORD-19 agrega información semanalmente desde los repositorios PubMed, MedRxiv y OMS. Además, existe una gran sinergia entre CORD-19 y el buscador semántico académico Semantic Scholar, por lo que permite la descarga del conjunto de datos. Es, sin duda alguna, el referente informativo para los investigadores durante esta pandemia, ya que Google Scholar no ha llevado a cabo algo parecido.

El esfuerzo desarrollado por la comunidad científica no tiene precedentes en volumen de su producción y en la velocidad de su transmisión. El volumen de información a manejar es ingente, el ‘big data’ ayuda a los virólogos y a otros expertos en el manejo de la información estadística y en la identificación de posibles patrones de comportamiento de la pandemia.

Información científica clasificada

A partir de CORD-19, hemos identificado más de 40 fuentes (13 conjuntos de datos y 27 buscadores) sobre la pandemia que podemos clasificar en tres categorías:

  1. Buscadores convencionales. Similares a los sistemas de búsqueda de las plataformas bibliográficas. Estos alinean la respuesta según la relevancia, con filtrado de documentos por fuente (Elsevier, biorxiv, WHO/OMS, etc.), revista, autor y fecha de publicación. También localizan información por términos o por frase exacta.

  2. “Visualizadores” de la información. Además de la búsqueda convencional localizan documentos gracias a tesauros, frecuencia de uso, proximidad de términos en las frases y expresiones regulares. Suelen complementarse con herramientas de visualización de las asociaciones entre estos conceptos (genes, productos químicos, fármacos, mutaciones, líneas celulares, especies y enfermedades). También muestran los resultados mediante nubes de etiquetas.

  3. Inteligencia artificial. Son herramientas de última generación que aplican modelos de redes neuronales para mejorar la calidad de la información recuperada. Pretenden ayudar a la toma de decisiones basadas en evidencias y en generación de ideas. También es posible la navegación por facetas y otros sistemas se apoyan en la idea del ‘chatbot’. Hay sistemas que aplican el modelado de temas para descubrir ideas subyacentes. Otros sistemas entregan como respuesta informes con asociaciones entre conceptos, filtrado por fuentes, edad de los pacientes, género, tipo de publicaciones, características del trastorno, tratamientos aplicados y resultados, palabras clave más relacionadas con el concepto, fechas de publicación y autores más influyentes en el campo de la consulta.

Es muy significativo, y digno de elogio, el esfuerzo de empresas e instituciones que han desarrollado servicios de consulta y los han puesto a disposición de la comunidad científica.

Resulta claro que la lucha contra la pandemia ha disparado el uso de buscadores semánticos por la necesidad de filtrar los resultados de las búsquedas por tres razones. La primera es la enorme producción científica que puede “infoxicar”, algo consustancial al tiempo presente. La segunda es la necesidad de recuperar por facetas o conceptos más que por coincidencia de términos. La última es la imposibilidad material de emplear el impacto como referencia para elegir un artículo.

Queda ahora verificar si este avance de la tecnología de búsqueda semántica se va a quedar circunscrito a la lucha contra la pandemia o si se va a ampliar a otros sistemas de información. Lo lógico (y deseable) es que así sea.


Una versión más ampliada de este artículo está accesible en acceso abierto en la Revista Española de Documentación Científica, editada por el CSIC.


The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

¿Se puede consumir menos electricidad pasando más tiempo en casa?

Shutterstock / lovelyday12

A priori, la respuesta a esta cuestión sería no. Suena lógico que, si se pasa más tiempo en casa, el consumo aumente, las facturas se disparen, y el llegar a fin de mes se haga más complicado.

Sin embargo, sí es posible gastar menos. Para ello hay que cambiar algunos hábitos, aprender otros y saber priorizar.

Reducir el consumo descontrolado es responsabilidad de todos. Ahora somos más conscientes de que el mal uso de la energía repercute en nuestro presente y en nuestro futuro.

El uso de la energía eléctrica ha aumentado durante la pandemia y es fundamental consumir energía de manera eficiente. Ahora se pasa más tiempo en casa y es necesario que la factura no aumente. Para ello se pueden tomar algunas medidas básicas que optimizan el consumo.

1. Contar con equipos en condiciones adecuadas

El consumo aumenta cuando la energía se disipa sin control. Por ello, calderas, calentadores, termos y cualquier otro equipo de producción de calor, deben estar en condiciones óptimas. Pasar las revisiones recomendadas por el fabricante y mantener los equipos ayuda a reducir el consumo.

2. Controlar los horarios

Trabajar desde casa puede convertir los días en jornadas interminables. Respetar el horario que se tendría en una oficina ayuda a programar los consumos y optimizarlos.

Vestirse igual que si se fuese a trabajar fuera de casa ayuda. El confort térmico de la ropa reduce la demanda de calefacción y permite estar en un ambiente agradable sin exigir más consumo.

Acabada la jornada laboral se deben apagar todos los equipos: ordenadores, cargadores, pequeños electrodomésticos. Además, ladrones, enchufes múltiples y pequeños aparatos consumen energía incluso en modo latente. Hay que apagar por completo lo que no se vaya a usar. Así se evitan largos consumos involuntarios.

3. Iluminación eficiente, iluminación racional

La luz LED y las bombillas de bajo consumo son una buena inversión porque tienen una mayor vida útil y un consumo menor que los tradicionales.

Es mejor encender y apagar cada estancia según se esté utilizando o no. Puede que dejar espacios encendidos dé sensación de seguridad y calidez, pero también incrementa el consumo.

Se debe aprovechar al máximo la iluminación natural para reducir las horas de encendido de lámparas y bombillas. Descorrer cortinas y persianas en momentos de soleamiento y de día, e ir encendiendo luces a medida que el sol se pone.

La domótica puede ser una gran herramienta de ahorro energético. Asistentes domésticos como Alexa o Google Home pueden ayudar a programar el encendido y apagado de los aparatos domésticos.

4. Ventilar en los momentos de menor consumo

Si ya de por sí la renovación del aire garantiza un ambiente sano, la situación actual derivada de la covid-19 obliga a ventilar los interiores con más frecuencia que nunca.

La entrada de aire exterior disminuye el riesgo de contagio, pero en invierno el aire es especialmente frío, por lo que es importante compatibilizar seguridad y ahorro.

Para evitar la pérdida de calor se debe intentar que la ventilación no coincida con los momentos de mayor consumo de calefacción o de más frío en el exterior. Las ventanas es mejor abrirlas por periodos más cortos (aumentando la frecuencia).

5. Aprender a usar los equipos de mayor consumo

Electrodomésticos como el horno, el lavavajillas o la secadora consumen mucha energía en poco tiempo. Por ello es mejor usarlos en programas eco y a plena carga para que los tiempos y niveles de consumo no aumenten de manera desproporcionada.

Aunque en principio son más caros, es mejor que los equipos sean de categoría A+ o A++ pues tienen un consumo eléctrico menor.

Hornos, calefactores y resistencias emiten mucho calor, incluso apagados. Aprovechar ese calor latente es una ganancia térmica en espacios pequeños como cocinas y baños.

6. Invertir en ventanas eficientes

Por todos los huecos se puede perder calor. La inversión en ventanas de PVC o con rotura de puente térmico aseguran confort térmico y la optimización del consumo.

Las cajas de persiana estancas y aisladas evitan la disipación de energía encima de los huecos. Y estores, cortinas y persianas evitan que el calor se disipe cuando se pone el sol.

7. Estudiar el consumo antes de contratar el suministro eléctrico

Las empresas suministradoras cuentan con planes de ahorro, tarifas planas, ayudas económicas. Por eso, hay que estudiar bien el consumo y buscar las mejores condiciones de contratación. La potencia contratada a veces genera gastos fijos por encima de lo necesario. Si se ajusta este factor, la factura se ajustará y también se notará a final de mes.

Estos son solo algunos consejos básicos que pueden traducirse en ahorros concretos. Incrementar el tiempo en casa no tiene por qué convertirse en un descontrol energético.

Optimizar, regular y ajustar la demanda energética y los hábitos cotidianos permitirá ver, en poco tiempo, los ahorros en la factura energética.

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Javier Martínez Moronta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Vulnera derechos el pasaporte de vacunación contra la covid-19?

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A estas alturas, quien más quien menos ha oído hablar del pasaporte de vacunación o certificado inmunitario. Se trata de una herramienta digital que demostrará que una persona está vacunada, y cuya posesión habilitará a sus titulares para realizar actividades que no podrán emprender los que carezcan de ella.

En principio servirá para viajar –ejercer la libertad de circulación sin las restricciones pandémicas–. Pero no se descarta que también sea la llave para las puertas de acceso a otros bienes, como el transporte, ciertos empleos, conciertos, gimnasios…

Finalidad legítima y reservas razonables

La finalidad del pasaporte es clara y legítima: levantar las restricciones generales a las que obliga la seguridad sanitaria y favorecer con ello una economía muy dañada. El argumento según el cual carece de sentido obstaculizar el movimiento a quienes no son un peligro para la salud pública, si con ello se protege el tejido productivo y los empleos de muchos ciudadanos, es un argumento sólido. Más aún en un país como España, donde el turismo pesó en 2019 más del 14% del PIB (ENLACE AL DATO).

No obstante, la decisión (ya adoptada) de poner en marcha el certificado inmunitario no convence a todo el mundo, o no convence según en qué condiciones se adopte. Estas reservas tienen sentido.

Los problemas que se plantean tienen que ver con la accesibilidad al pasaporte y con la privacidad de los datos de los ciudadanos. Estamos hablando, pues, de derechos fundamentales protegidos por ley (ENLACES): el derecho a no ser discriminados en función de una situación personal o social, y el derecho a que nuestros datos de carácter personal, sobre todo si son tan sensibles como los relativos a la salud, sean protegidos rigurosamente.

El peligro de discriminación y el uso de datos privados

En relación con el peligro de discriminación, la pregunta es si resulta aceptable que determinados grupos de personas que no estén vacunadas cuando el pasaporte entre en vigor queden fuera del derecho a realizar determinadas actividades. La gente joven, por ser los últimos en la lista de las vacunaciones, o las embarazadas y otras personas como las alérgicas graves, cuyas circunstancias les impiden recibirlas, sufrirían un trato desigual, que podría considerarse desproporcionado frente a las ventajas económicas que supone la activación del pasaporte.

Obviamente se trata de un tema discutible, pues no hay una regla exacta sobre lo que es proporcionado y lo que no. Lo que sí parece sensato es asumir que la implantación del pasaporte en países que hayan vacunado a la mayoría de su población resulta más aceptable (por existir proporción entre el beneficio que se obtiene y el daño a un número pequeño de personas) que en países en los que esa vacunación haya sido escasa. De modo que para evitar o reducir la discriminación, el primer objetivo ha de ser vacunar a mucha gente cuanto antes.

La otra reserva al pasaporte viene relacionada con el derecho a la protección de datos (ENLACE) y las garantías vinculadas a su configuración (sujetos que acceden a los datos, su trazabilidad y rastreo, no almacenamiento, responsabilidad por incumplimientos…).

Se trata de garantías que, con arreglo a la normativa comunitaria, pueden ser realizadas de común acuerdo. Pero que habrán de serlo pronto si no se quiere que la empresa privada ocupe y monetarice un espacio –el relativo a los datos de salud de los ciudadanos– que deberían ocupar los gobiernos.

La UE contra reloj

En la cumbre de finales de febrero, la Comisión europea asumió la adopción del pasaporte como una misión común. Y se ha dado tres meses para llevarlo a cabo. No será fácil armonizar en tan poco tiempo intereses, tecnología y normativas que, aún en el marco de la Unión Europea, son muy diferentes entre algunos de sus Estados.

Con el objetivo de la salud pública como principio, será una buena noticia para Europa si consigue un consenso interno dirigido a equilibrar la protección de la economía con la igualdad de trato y la privacidad de los datos personales más sensibles. Aún así, en el mejor de los casos, no podrá evitar dejar atrás a los ciudadanos pobres de los países con menos recursos, a los indocumentados y a personas no vinculadas al mundo digital.

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Fernando Flores Giménez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La publicidad de 2021 ofrece optimismo y empatía para ganarse al cliente

Campaña _Una Alegria Extra_ de El Pozo. El Pozo

Con la llegada del 2021 y el plan de vacunación contra la COVID-19 las empresas anunciantes están examinando atentamente las tendencias de marketing que han surgido como consecuencia de la pandemia.

Multitud de marcas ya han dando un giro a sus estrategias, que consisten en una vuelta a los principios más básicos de la mercadotecnia: conocer muy bien al cliente con el objetivo de ofrecerle un servicio único y excelente que le sea de utilidad, como El Pozo y su Alegría Extra o Ariel con su Así lavaba.

En estos tiempos, generar confianza con el público objetivo es fundamental y las marcas se dan cuenta de que una manera de conseguirlo es ofreciendo optimismo y seguridad a través de sus mensajes publicitarios. De esta manera, a lo largo del 2020, muchas marcas antepusieron los mensajes de optimismo las ventas.

Así, con la llegada del confinamiento se dio más importancia a la concienciación, el compañerismo y el agradecimiento. Un ejemplo de ello fue Ikea, quien nos animaba a quedarnos en casa con su anuncio Tu casa tiene algo que decirte o Seguros Santalucía, que subrayaba lo importante que era “distanciarnos para volver a acercarnos”.

Bankia, con su campaña #juntosesmásfácil, animaba a las empresas a colaborar estrechamente para poner fin a la crisis sanitaria y Coca-Cola, con su mensaje “juntos lo conseguiremos” decidía suspender toda su actividad publicitaria y donar más de 120 millones de dólares “para apoyar los esfuerzos en la lucha contra la COVID-19 en todas las comunidades afectadas”.

El ejemplo de la Super Bowl

Si tomamos como ejemplo los anuncios emitidos durante la Super Bowl 2021, famosísima final de fútbol americano de la National Football League (NFL), veremos una combinación de inspiración, oportunidad, humor amable y reconexión.

Este partido, casi más conocido –y apetecible para muchos– por sus anuncios y su gran espectáculo –o halftime show–, sirve de plataforma de lanzamiento para las más de 50 marcas que se anuncian durante las pausas publicitarias; este año 25 de ellas fueron anunciantes de la Super Bowl por primera vez.

Durante los 50 minutos que estas piezas creativas ocuparon en los descansos del partido, dejamos de lado –en muchos de los casos– conversaciones sobre la pandemia y disfrutamos de historias inspiradoras, humor y miradas al pasado.

Algunos anunciantes como Mountain Dew nos ofrecieron, incluso, la posibilidad de ser millonarios, con su life changing flavor (sabor que te cambia la vida) y tuvimos la oportunidad de recibir 15 000 dólares y un servicio de asesoría por parte de un experto en jardinería de la mano de Scotts Miracle-Gro, con su campaña Keep Growing (sigue creciendo).

Budweiser, por su parte, prefirió donar los millones que se hubiera gastado en publicidad para promover la necesidad de concienciación sobre la vacuna contra la COVID-19.

Rocket Mortgage, Guaranteeds Rates y Toyota tienen un claro mensaje para nosotros: crea en usted mismo, tenga seguridad en la toma de decisiones y sea fuerte.

La importancia de la felicidad

Michelob Ultra nos recuerda, además, la importancia de la felicidad con su ¿Eres feliz porque ganas o ganas porque eres feliz? y Oatly, bebida de avena, se enorgullece de ser diferente y nos anima a ser “más raros”. Una curiosidad: después de emitir este anuncio, que mostraba al CEO de la compañía cantando francamente mal, Oatly regaló camisetas que se burlaban de lo terrible que fue su anuncio.

De las marcas que sí han apostado por “hacer limonada” con los frutos del 2020, como Bud Light Seltzer, destacamos Bass Pro Shops, quien aventura todos los caminos que nos quedan por recorrer, invitándonos a salir de nuestras casas y conectar con la naturaleza, porque la “necesitamos más que nunca”.

Otro ejemplo de ello es la marca Robinhood y su “has nacido inversor”, con el que lanza un mensaje de optimismo haciendo alusiones a la importancia de invertir tiempo en nosotros mismos y en nuestros seres queridos.

Anheuser-Busch, por su parte, nos recuerda que nos necesitamos los unos a los otros y resalta la importancia de los pequeños grandes momentos en nuestra vida diaria, con su anuncio It’s never just about the beer (Nunca es solo por la cerveza).

Estrategia centrada en el producto

Más allá de los mensajes de optimismo y solidaridad por los tiempos en los que nos encontramos, algunas marcas también han optado por una estrategia más centrada en el producto y sus atributos, como Skechers, empresa de fabricación de calzado, con su Skechers Max Cushioning o Dexcom, mostrando cómo funciona su sistema de monitoreo de niveles de glucosa en pacientes con diabetes.

Según la cadena de televisión CNN, los mejores anuncios emitidos este año han sido: Doordash, servicio de entrega a domicilio, con su amable oda a los neighborhoods (barrios) y promoción del comercio local; General Motors, creatividad protagonizada por un Will Ferrell que odia a Noruega porque vende más vehículos eléctricos per cápita que Estados Unidos; Toyota, con su inspiradora historia de una jovencísima Jessica Long, medallista de oro paralímpica, y Huggies, plagado de bebés haciendo de las suyas.

Función social de la publicidad

Si algo podemos recoger de estos anuncios para 2021 es que el optimismo es una constante en el mensaje que las marcas quieren lanzar al consumidor. De esta manera, la publicidad cumple también una función social, pues nos anima a desconectar de los momentos difíciles que nos han acompañado durante el 2020 y nos insta a mirar adelante.

Parece, entonces, que las marcas se están uniendo bajo un mismo objetivo: trabajar conjuntamente hacia un futuro mejor. Podríamos, pues, predecir con cierta seguridad que el marketing del 2021 será más empático que nunca.

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Marta Medina Núñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

Videoclips: mensajes negativos en la música comercial

Captura del videoclip _La rubia remix 2_, La nueva escuela ft Omar Montes. YouTube

La música nos remueve, tengamos la edad que tengamos. La imagen de personas corriendo o practicando cualquier otro tipo de ejercicio de intensidad media con los auriculares puestos es cotidiana y frecuente.

Y es que algunos tipos de música pueden inducir a un estado de bienestar, nos dan energía, mitigan la sensación de cansancio, e incluso crean emociones positivas a la vez que nos alejan de pensamientos negativos.

La música puede conectar con imágenes mentales agazapadas en nuestra memoria. Más de una vez hemos experimentado cómo se nos activa, voluntaria o involuntariamente, la sintonía y letra de cualquier canción pegadiza que se repite en bucle una y otra vez en nuestra mente –por ejemplo, cuando ahora leemos algunos títulos como Imagine (John Lennon), Dancing Queen (ABBA) o I Will Survive (Gloria Gaynor)—.

¿Pero somos conscientes de los mensajes que transmiten las canciones actuales que con más frecuencia se emiten en los circuitos comerciales?

Gracias a la tecnología podemos escuchar las canciones pero, igualmente, verlas en cualquier momento y lugar. Estos mensajes se nos suelen presentar también en formato de videoclips, ya sea en la televisión clásica o en YouTube, TikTok, Twitter o cualquier otra plataforma digital, porque vivimos en una sociedad tecnológica donde las multipantallas ejercen especial atracción.

Estos audiovisuales condensan en dos o tres minutos una crónica de lo que viven, sienten y piensan las distintas generaciones de cada época. Generan mensajes y emociones que los receptores captamos, aunque a veces de forma inconsciente.

Los videoclips y sus valores

Los videoclips son productos culturales mediáticos de alto consumo que pueden reflejar un abanico muy variopinto de valores y actitudes, de ideologías, de realidades o ficciones sociales.

Algunos videoclips seleccionados por los circuitos comerciales promueven el consumo y ciertos estilos de vida, al mismo tiempo que muestran una realidad con la que pueda sentirse identificado el mayor número de personas, o exhiben un modelo de vida lujoso al que aspiran ciertos grupos sociales.

Además, se trata de un producto cultural multimodal de gran impacto y difusión entre los jóvenes, y se convierte en un medio extraordinario para estudiar cualquier tema o contenido contemporáneo.

Por su naturaleza ubicua se accede a ellos con facilidad a través de distintos dispositivos tecnológicos (televisores, teléfonos móviles, tabletas, ordenador…), aumentando exponencialmente su consumo.

Algunos de los mensajes subliminales que transmiten tienen la capacidad de influir en la formación del pensamiento de sus consumidores. El hecho de que los pronombres más usados en las canciones sean yo, tú y nosotros hace que la canción se acerque a la experiencia vital del oyente y la vivencia como algo que le está pasando.

La mujer pierde la batalla

Si bien los oyentes pueden elegir las canciones que quieren escuchar, también es cierto que existe una enorme influencia de la música que los circuitos comerciales seleccionan para su audiencia.

El análisis de los videoclips que con más frecuencia se emiten en cualquier plataforma o web muestran que las temáticas más recurrentes son el amor, la sexualidad, la felicidad, la ambición, la locura, la riqueza material y la violencia.

Al escuchar una melodía se evocan sensaciones o vivencias que dependerán, en gran manera, también del estado de ánimo del oyente y de sus experiencias previas.

Nuestros estudios, pendientes de publicación, concluyen que un alto porcentaje de las letras de las canciones analizadas evidencian violencia verbal, física y sexual, predominantemente del hombre contra la mujer.

La mujer se retrata como un mero objeto de deseo para la satisfacción masculina en unas relaciones de pareja donde no se consideran sus necesidades afectivas y sexuales.

El análisis de las canciones como narrativa textual arroja que, frecuentemente, el hombre se dirige a la mujer de forma irrespetuosa con un lenguaje vulgar y soez. Así pues, en videoclips comerciales actuales la mujer llega a ser robada (Te robaré), secuestrada (Pa mí), devorada (Ella quiere beber) e incluso llegan a encadenarla en la cama (La rubia-remix 2). Sin apenas percibirlo, nuestro imaginario colectivo se está inundando de ejemplos que dan muestra de una involución cultural.

Por otro lado, otras canciones representan al hombre como el “chico malo” causante de muchos problemas para la mujer. Es decir, en general, se percibe el amor como una relación de posesión, una relación tóxica que justifica los celos e incluye lo negativo y doloroso.

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Captura del videoclip La rubia remix 2, La nueva escuela ft Omar Montes.

Acoso y violencia

Aunque, en menor medida, existen vídeos musicales que denuncian la violencia contra la mujer –Malo–, pero muchos de los videoclips que se sitúan entre los más escuchados en 2020 explicitan la cosificación de la mujer, el acoso y enaltecen la violencia.

La pregunta final es si nuestra sociedad puede quedarse indiferente o debe ayudar, sobre todo a los más jóvenes, a valorar comportamientos basados en valores democráticos de tolerancia, flexibilidad, inclusión, diálogo, igualdad y equidad. Los documentos audiovisuales o multimodales no son neutros.

Los circuitos comerciales venden mejor ritmos e imágenes que contienen morbo, y dejan fuera, muy lamentablemente, todas aquellas canciones que no siguen esta estrategia.

La música y su efecto sobre nuestro cuerpo a veces hace que no se preste atención a lo que nuestros cerebros están procesando, pero la consecuencia es que se normalizan comportamientos que no significan progreso para las personas.

Por ello, si aspiramos a una sociedad crítica comprometida con el entorno, tal vez valga la pena pararse a reflexionar sobre la música que escuchamos y vemos, que nos envuelve y atrapa, porque, “de según cómo se mire todo depende”.

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The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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Nutri-Score no es la mejor solución para que comamos bien

shutterstock Shutterstock / Ralf Liebhold

La mejora de las condiciones nutricionales de la población supone uno de los grandes retos del siglo XXI. Así lo recoge el objetivo 2 del milenio, que destaca la importancia de una alimentación “sana, nutritiva y suficiente”. Pero, ¿qué se entiende por una alimentación sana y nutritiva? ¿Cómo ayudar al consumidor a reconocer qué alimentos poseen estas cualidades?

Una de las iniciativas más valoradas en este sentido es la de introducir el etiquetado nutricional como herramienta para ofrecer al consumidor una información alimentaria clara, concisa y veraz que oriente su decisión de compra y consumo.

Aunque la Comisión Europea no ha llegado aún a decidirse oficialmente por ningún sistema en concreto, en la práctica, uno de los que más se está imponiendo en Europa es el Nutri-Score. Este sistema, desarrollado en Francia, utiliza una gradación de colores y letras para representar mayor o menor calidad nutricional en el alimento. Desde el color verde oscuro (letra A) para los alimentos más saludables hasta el color rojo (letra E) para los menos saludables. El color amarillo (letra C) ocupa el lugar central.

Nutri Score.

Se trata de una opción que, a simple vista, resulta muy intuitiva y fácil de utilizar e interpretar por parte de los consumidores. Sin embargo, existen evidencias de que el sistema Nutri-Score podría no ser el mejor.

Un algoritmo que omite “nutrientes beneficiosos”

El algoritmo en el que se basa Nutri-Score asigna puntos en función de la composición nutricional por 100 gramos o 100 mililitros de producto y tiene en cuenta el contenido de elementos menos saludables (calorías, azúcar, grasas saturadas y sal) y más favorables (fibra, proteínas y el porcentaje de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y frutas oleaginosas). Hasta ahí, todo correcto. Sin embargo, la fórmula omite “nutrientes beneficiosos” dentro de la dieta global, como vitaminas, minerales o ácidos grasos esenciales, entre otros.

En otras palabras, el algoritmo empleado simplifica demasiado. La consecuencia inmediata es que no clasifica correctamente a productos altamente saludables, como es el caso de los aceites de oliva vírgenes (AOV). En un primer momento, los resultados de la clasificación le otorgaban a los AOV una letra D (naranja). Tras muchas críticas, se modificó el algoritmo obteniendo finalmente una letra C (amarillo).

Pero sigue siendo insuficiente. Con esa clasificación los aceites de oliva vírgenes (AOV y Aceite de Oliva Virgen Extra-AOVE) se equiparan a los aceites de semillas refinados, puntuando todos con una letra C. Esto desvaloriza enormemente a los vírgenes, que son puro zumo de aceitunas y cuyas propiedades nutricionales son mundialmente reconocidas.

Además, su equiparación con el propio aceite de oliva común, también refinado, a igualdad de puntuaciones o valor nutricional, hará que el consumidor se decante por el aceite más barato. Olvida NutriScore que una misma categoría de producto puede contar con diversas calidades, como pasa con el aceite de oliva. Y esto merece una adecuada clasificación porque de lo contrario confundiríamos al consumidor.

Excluir el aceite de oliva

Recientemente, el Ministerio de Consumo anunciaba que los aceites de oliva van a ser excluidos del sistema Nutri-Score. Incluso se está, además, trabajando para que esta medida se extienda al resto de países.

A priori, es mejor que los aceites de oliva queden excluidos a que aparezcan en color amarillo (letra C). No obstante, ¿es esta medida suficiente? Puede ocurrir que al eliminar el AOV del sistema se dé una imagen de que “tienen algo que esconder”, generando más confusión aún. Además, ¿qué ocurre si, finalmente, en otros países el AOV sigue estando dentro del sistema y puntuando con una letra C? Las exportaciones se verían seriamente perjudicadas. ¿No sería más efectivo luchar por conseguir una clasificación superior, la que efectivamente les corresponden (letra A), en lugar de esconderlos?

Para colmo, hay otros ejemplos, entre ellos el jamón de bellota, que demuestran que el sistema Nutri-Score tiene serias debilidades que le restan valor. Algunos países, como Italia, han rechazado su implantación y han desarrollado su propio sistema nutricional (NutrInform Battery), precisamente alegando que el sistema Nutri-Score es contrario a los principios de la Dieta Mediterránea.

Sistemas de advertencia como alternativa

En definitiva, es necesario contar con sistemas de etiquetado nutricional para que el consumidor comprenda mejor la información de la etiqueta. Sin embargo, no debemos precipitarnos y decantarnos por uno de ellos sin disponer de estudios exhaustivos y rigurosos que prioricen el bien del consumidor.

En este sentido, son muchos los profesionales que han defendido los sistemas de advertencia, como el empleado en Chile, un etiquetado obligatorio para aquellos productos que tienen cantidades excesivas de ingredientes perjudiciales para la salud, como azúcar, sal o grasas saturadas. Al ser este un etiquetado que solo proporciona información “mala” no encuentra el apoyo de la industria que, curiosamente, parece preferir el sistema Nutri-Score. Sin embargo, investigadores chilenos destacan que ni el empleo ni los salarios se han visto perjudicados en la industria alimentaria chilena desde que se impuso este sistema.

Sí se demuestran, por el contrario, sus resultados positivos, como una reducción en la compra de productos insanos, una mejor comprensión e identificación de los alimentos saludables y una necesaria reformulación de aquellos alimentos con peores condiciones nutricionales. Por cierto que la reformulación de los alimentos, junto con la educación y la información nutricional, resultan claves para mejorar la dieta de la población, como así indican organismos como la Organización Mundial de la Salud. Algo que nunca ocurrirá si no se cuenta con un sistema que prime el bienestar del consumidor.

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Esther Lopez-Zafra recibe fondos de investigación en concurrencia competitiva de entidades públicas como el Ministerio de Ciencia e Innovación o la Junta de Andalucía. Es miembro-fundadora de Sociedad Científica Española de Psicología Social (SCEPS) de la que es Presidenta en la actualidad.

Carla Marano Marcolini, Francisco José Torres Ruiz y Manuel Parras no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

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Nutri-Score, un etiquetado que ignora la dieta mediterránea y el medio ambiente

Shutterstock / Hadrian

Las enfermedades no transmisibles se están incrementado en el mundo. En especial la obesidad, distintos cánceres, las enfermedades cardiacas, los accidentes vasculares cerebrales, la diabetes, la hipertensión arterial, el deterioro cognitivo, la enfermedad de Alzheimer y el hígado graso.

Esta auténtica pandemia depende de la predisposición genética y de factores ambientales, entre los que destaca la alimentación obesogénica. Es decir, rica en calorías, grasas saturadas y azúcares, pobre en fibra y sobre todo en micronutrientes, como minerales, antioxidantes, carotenoides y vitaminas (A, D, K y E). Además, es de bajo coste, por lo que la consumen más los desfavorecidos, lo que hace de la obesidad un proceso mas frecuente entre los mas pobres. Dicho de otro modo, va unida a la desigualdad social y económica.

España es uno de los países afectados por este problema. Y para remediar esta situación, se ha planteado imponer el Nutri-Score, un etiquetado de los alimentos que pretende promover la alimentación saludable. ¿Será realmente una buena medida?

El calentamiento del planeta se relaciona con la dieta obesogénica

Otro aspecto a resaltar es que la dieta obesogénica es fruto de la producción intensiva y no sostenible de alimentos, lo que amenaza la estabilidad climática y la resiliencia del ecosistema. De hecho, se trata de un importante impulsor de la degradación medioambiental y de la transgresión de los limites planetarios, responsable del 22% de la emisión de gases de efecto invernadero.

A partir de la Conferencia de París se está tomando conciencia de que cambiar nuestros hábitos beneficiaría tanto nuestra salud como para la salud del planeta. Con dicho motivo se creó la Comisión EAT-Lancet, con expertos de múltiples áreas del conocimiento, para desarrollar un modelo de dieta saludable a partir de una producción sostenible. En su documento señalan que el mejor modelo de dieta conocido, que cumple los criterios de respeto con el medio ambiente, es, sin duda, la Dieta Mediterránea.

Además, se aportan recomendaciones para que cada población se adapte a una dieta sostenible, que incluyen duplicar el consumo de alimentos saludables, como frutas, verduras, legumbres, nueces y semillas, reduciendo más del 50% el consumo mundial de alimentos menos saludables. El esquema de dicha dieta, llamada Dieta Planetaria, se resume en la siguiente figura.

Rangos de consumo de alimentos (gramos/día), para completar una ingesta diaria de 2500 kcal/día, dentro de un modelo de Dieta Planetaria. Pérez Martínez et al. Clin Invest Arterioscler. 2019, 31:218-221.

El etiquetado Nutri-Score

La etiqueta Nutri-Score se colocará en la parte frontal del envase de los alimentos, en teoría para favorecer la elección de los productos más saludables.

Para que resulte intuitivo, existen solo 5 calificaciones que van desde el verde al rojo, siendo más saludable el A (verde) y mas insano el E (rojo). Estas letras dependen de un algoritmo matemático, elaborado a partir de criterios positivos (proteínas y fibra) o negativos (calorías, azúcares, grasa saturada, sal). Además, la puntuación mejora si el alimento incluye frutas, verduras, legumbres, frutos secos, o aceites de oliva, colza y nuez. Sin embargo hay una pega importante, y es que ignora su calidad nutricional, esto es, su contenido en micronutrientes.

Ejemplo de etiqueta del Nutri-Score, con calificación C. Author provided

Sin ensayos clínicos que confirmen cómo repercutirá usar Nutri-Score

Teóricamente las personas que compren con Nutri-Score deberían tener menos enfermedades. Pero no hay ningún ensayo clínico que lo confirme. De haberse realizado, este tipo de ensayo sería similar a los que garantizan que la vacuna frente a COVID-19 es segura. O a los que se realizaron para valorar la repercusión sobre la salud de la Dieta Mediterránea, en el estudio PREDIMED, y cuyos resultados llevaron al reconocimiento internacional de que dicha dieta es uno de los modelos de alimentación más saludables.

Sin ensayos clínicos, no sabemos si su implantación será beneficiosa o perjudicial. Es más, incluso se baraja el riesgo de que la confianza en el uso de NutriScore acabe aumentando la obesidad y el resto de enfermedades. En definitiva, su implantación es muy atrevida y no carece de riesgos.

Atentando contra el medio ambiente y la Dieta Mediterránea

Para colmo, el nuevo etiquetado no es congruente con el respeto al medio ambiente ni con el respeto a la Dieta Mediterránea.

Una de las críticas más obvias es que el aceite de oliva virgen, imprescindible en la Dieta Mediterránea, es ignorado por el Nutri-Score, que lo equipara a otros tipos de aceites de semillas de menor coste. No acepta que es un jugo de fruta, rico en los micronutrientes, y científicamente demostrado como producto saludable.

Este problema no se resuelve con la oferta del Ministro de Consumo, de excluir el aceite de oliva virgen del Nutri-Score, pues es mantenerse en la ignorancia de su verdadero valor saludable. Además, tendrá que competir en el mercado europeo con aceites más baratos, refinados y ultraprocesados, con pérdida de competitividad económica.

El otro gran error es ignorar los alimentos ultraprocesados, fuente importante de producción de gases de efecto invernadero, que cada vez se consumen más en España, con efectos perjudiciales sobre la salud. En un estudio en niños, se comprobó que la ingesta diaria de ultraprocesados ronda los 446 gramos, 39.9% de las calorías diarias. Un ejemplo estos alimentos es el danonino, que incluye hasta 8 ingredientes, incluido fructosa y azúcar, a pesar de lo cual goza de una clasificación B.

El Nutri-Score no debería ser implantado porque ignora los graves problemas de la alimentación moderna. No permite una dieta sostenible para el planeta ni para la salud humana. Entre otras razones porque no califica negativamente a los ultraprocesados y es demasiado tolerante con los azúcares añadidos, especialmente con la fructosa.

Lo más grave del asunto es que atenta contra el hábito mas saludable de nuestro estilo de vida, la Dieta Mediterránea. Ignora que el aceite de oliva virgen es un jugo rico en micronutrientes y universalmente reconocido como alimento saludable. En un momento en que los jóvenes se están alejando de nuestro estilo de alimentación insignia, la irrupción del Nutri-Score puede arrinconarlo definitivamente.

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Francisco Pérez Jiménez ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d'une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n'a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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¿Cómo aumenta la infectividad del SARS-CoV-2 conforme aparecen variantes?

Shutterstock / Lightspring

A finales de 2020 surgió en Gran Bretaña una nueva variante del coronavirus SARS-CoV-2. Esta variante (o linaje), denominada B.1.1.7, está dotada con mayor infectividad. Según el COVID-19 UK Genomics Consortium, en diciembre de 2020 más del 50 % de los nuevos contagios en Gran Bretaña eran de esta variante, que hoy es dominante en las islas. Presenta una transmisibilidad incrementada entre un 38 y un 130 % respecto de la variante original. La noticia de su aparición provocó una oleada de noticias y despertó temor en el público. Pero, ¿qué es una variante viral y cómo se convierte en un problema para nosotros?

Mutaciones y evolución

Un virus es, esencialmente, información genética. Un manual para generar copias de sí mismo. No existe consenso absoluto sobre si considerarlos seres vivos (tenemos razones para afirmar que no), pero sí pueden evolucionar mediante cambios en su información genética que llamamos mutaciones.

La información necesita un soporte: nosotros utilizamos libros y la memoria, pero las células utilizan un ácido nucleico. La vida se sostiene sobre dos tipos: el ADN y el ARN, que son similares, aunque con diferencias químicas esenciales.

Nuestras células contienen la información en ADN, pero el coronavirus la guarda en una molécula de ARN con, aproximadamente, 30 000 “letras”.

Cuando el coronavirus infecta, la célula se convierte en una fábrica de copias de sus componentes, a partir de la información contenida en el ARN genómico. Cuando se han fabricado los componentes, se ensamblan formando nuevas partículas virales, que salen de la célula infectada.

Esquema del ciclo de replicación del SARS-CoV-2. El primer paso es la entrada en la célula, gracias al reconocimiento de una proteína receptora por la espícula. El segundo paso es la utilización de la maquinaria celular para fabricar los ARN mensajeros, las proteínas y las copias del ARN genómico. Después, tiene lugar el ensamblaje de los nuevos virus y la salida de éstos de la célula infectada. Cesar Menor Salván / http://www.Biorender.com

La información genética se escribe en un lenguaje formado por palabras de tres letras, o codones, combinadas a partir de un alfabeto de cuatro letras. La copia de este lenguaje es imperfecta y da lugar a mutaciones, que son cambios en las letras de la secuencia (entre otros posibles errores).

Estos cambios pueden dar lugar a ventajas evolutivas, pero también pueden ser letales. Por influencia del cine, asociamos “mutante” con cosas monstruosas, pero lo cierto es que las mutaciones son esenciales para la evolución. El delicado equilibrio entre tamaño del genoma y la cantidad de mutaciones que se producen en sus copias hace posible la diversidad de la vida.

Variante o cepa

Un virus hace copias tan rápido que podemos asistir a su evolución, impulsada por sus mutaciones. Estas dan lugar a nuevas variantes, en las que se identifican mutaciones definidas respecto al virus original, pero con las que las vacunas siguen funcionando. Cuando se acumulan tantas mutaciones que el virus cambia y escapa del sistema inmune, surge una nueva cepa.

Es el caso de la gripe, cuyo virus genera nuevas cepas periódicamente, lo que obliga a modificar las vacunas cada temporada.

Mutación N507Y, en la variante B.1.1.7 del SARS-CoV-2. El cambio de una letra en el genoma provoca un cambio en la región del virus encargada de reconocer y unirse a la célula a infectar. Cesar Menor Salván / http://www.Biorender.com

Cada vez que el virus se replica, las nuevas copias siempre contienen mutaciones. A veces, pueden surgir mutaciones que reduzcan la capacidad infectiva del virus, u otras que podrían darle una ventaja al mejorar su adaptación al hospedador.

¿Será el caso de la mutación N501Y en la variante B.1.1.7? Vamos a comprobarlo.

¿Cómo una mutación aporta ventaja al virus?

La ‘fuerza’ (enlace de hidrógeno) que permite al zapatero (Gerris lacustris) andar sobre el agua es la misma que hace posible que un virus infecte una célula. Cambios en ésta fuerza condicionan la infectividad viral. De Schnobby – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

La infección viral depende de una sutileza química: la capacidad de las proteínas para unirse a otras moléculas, utilizando (principalmente) enlaces de hidrógeno. Para iniciar la infección, las espículas del virus se anclan a la proteína receptora por medio de éstos enlaces, encajando como un puzzle.

Cuantos más enlaces de hidrógeno se formen, mas afinidad tendrá el virus por la célula y menos cantidad de virus inoculados provocarán la infección.

Gracias a que los datos del coronavirus son públicos, cualquier persona puede investigar si la mutación N501Y le da ventaja a B.1.1.7. Esta mutación parece esencial, ya que se produce en el punto de anclaje del virus a la célula.

Partículas virales (arriba) en las que se observa la espícula. Esta contiene una región (azul, abajo) que ‘encaja’ en la proteína receptora (rojo, abajo). Cesar Menor Salván / Chimera /B. Turoňová et al., Science 10.1126/science.abd5223 (2020)

Con ayuda de una herramienta informática, vemos que la mutación provoca la aparición de nuevos enlaces entre el virus y la célula. Esto hace que aumente la afinidad y la infectividad.

La variante B.1.1.7 presenta nuevos enlaces de hidrógeno (lineas azules) en la zona de la mutación N501Y. Esto mejora la interacción entre las proteínas del virus (azul) y la célula (rojo), dando una ventaja evolutiva a la variante. En poco tiempo, la variante original desaparece. Cesar Menor-Salván/Chimera

Implicaciones

Hemos visto, de modo simplificado, cómo los científicos pueden predecir qué efecto tendrán las mutaciones sobre el comportamiento del virus. En el caso de la variante B.1.1.7, al menos una de sus mutaciones la hace más contagiosa, prevaleciendo sobre la que carece de la mutación. Este tipo de selección es clave en la evolución de la vida.

La mutación que hemos mostrado no parece aumentar la gravedad de la infección –aunque haya datos preliminares que apunten en este sentido–, ni afecta a la acción de las vacunas, pero no hay que bajar la guardia. La vigilancia de las nuevas variantes y la identificación de sus mutaciones es fundamental para el seguimiento de la pandemia y predecir el funcionamiento de vacunas. Sin alarmismos, las mutaciones y aparición de variantes mejor adaptadas es un proceso natural en un virus que acaba de iniciar su evolución con los humanos.

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Cesar Menor-Salvan no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Morderse la lengua… y comulgar con ruedas de molino

Shutterstock / Zhou Eka

En nuestro idioma morderse la lengua significa “contenerse en hablar, callando con alguna violencia lo que quisiera decir”. Lo mismo también se puede expresar con “atarse la lengua”; en Cuba, sujetarse o tragarse la lengua. Tal autocontrol es difícil para los que tienen la lengua larga o muy larga, son ligeros de lengua o simplemente tienen mucha lengua, le dan mucho a la lengua o, no digamos, echan sin tasa la lengua al aire e incurren en el vicio de irse de la lengua, de dejar que se les escape la lengua. Como consecuencia, no es imposible que los tales lenguaraces tengan en algún momento que meterse la lengua en el culo. Es decir (más finamente): morderse la lengua.

He buscado esta expresiva frase hecha para dar título a un libro que trata de dos asuntos de marcada índole política, pero que no son ajenos a la lengua; a la semántica (lo que las palabras significan) y a la pragmática (la relación entre las palabras y los que las usan en circunstancias concretas para entenderse entre sí). La corrección política suscita de suyo el recuerdo de procedimientos lingüísticos comunes como el eufemismo o el circunloquio, y la posverdad atenta contra ese principio básico del contrato implícito que se da entre el que habla y el que escucha: la veredicción (la verdad de lo que se dice). Nos obliga a comulgar con ruedas de molino. A tragar.

Pero no me cabe duda de que posverdad y corrección política representan otros tantos síntomas de época, y que deben ser estudiadas y comprendidas a la luz de los nuevos tiempos que desde el tránsito entre los dos milenios han dado lugar a una nueva sociedad globalizada de la información y la comunicación, resultante de una profunda transformación debida sobre todo al desarrollo de la tecnología digital: la Galaxia Internet.

Así, la posverdad obedece a los designios de una sociedad marcada por la quiebra de la Racionalidad y el rechazo indiscriminado hacia todo lo que representó en la Historia el Siglo de las Luces. Rosi Baidotti, inspirándose expresamente en Derrida y Foucault, se declara en Lo posthumano firme defensora del “postantropocentrismo posthumanista”, y denuncia algunos de los presupuestos fundamentales de la Ilustración, entre ellos la idea del progreso de la humanidad “a través del uso autorregulador y teleológicamente orientado de la razón y la racionalidad científica laica”.

Sectarismo puritano en los campus de EE. UU.

Se da, por otra parte, una circunstancia de excepcional motivación para mí. Me refiero a que es unánimemente reconocido por todos los que se han ocupado de la corrección política que su origen estuvo en los campus norteamericanos a partir de los años ochenta del pasado siglo. Desde ellos, descritos de manera implacable por el historiador chileno Alfredo Jocelyn-Holt como lugares doctos pero asediados por un sectarismo puritano procedente, sobre todo, de departamentos de Humanidades en franca decadencia, la corrección política se ha extendido a modo de un virus implacable al conjunto de la sociedad dentro y fuera de los Estados Unidos, inficionando la información, las relaciones personales y profesionales, la creación y las expresiones artísticas incluso.

Pero soy de la idea, y en mi libro procuro justificarla, de que la posverdad tampoco es ajena a esa influencia de la Universidad. Cierto que el presidente Donald Trump se convirtió en el catalizador ecuménico de la post-truth, de la que oficiaba como sumo sacerdote gracias a la catarata diaria de sus tuits y de sus declaraciones públicas en las que, desde su toma de posesión en enero de 2017 hasta su cese a contrapelo, los rastreadores de mentiras políticas han llegado ya a atribuirle más de veinte mil. Pero no puedo por menos que relacionar ese desprecio absoluto hacia la veracidad de los enunciados con el asombroso triunfo intelectual de la llamada French Theory que François Cusset ha estudiado detalladamente en su libro de 2003 sobre las mutaciones de la vida intelectual en Estados Unidos.

Distorsión emotiva de la realidad

Por suerte, la post-truth inglesa ha encontrado sin mayor problema una traducción al español impecable: posverdad. Para definir posverdad se partió de la idea de toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público; como una distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. La post-truth se nutre básicamente de las llamadas fake-news, nuestros bulos, falsedades difundidas a propósito para desinformar a la ciudadanía con el designio de obtener réditos económicos o políticos.

Yo también soy de la creencia de que la llamada Deconstrucción de Jacques Derrida y las teorías de Foucault, Deleuze y Cia. –como los llama Cusset– son responsables del auge de la posverdad, pues los gurús franceses del “pensamiento débil” destruyeron la solvencia del lenguaje en cuanto portador de sentidos, caricaturizándolo como una algarabía de ecos, un discurso contado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que no significa nada, en palabras de Shakespeare (no de Derrida).

La tolerancia represiva

Pero tampoco es ajeno a la Universidad el germen de esa forma de censura perversa que llamamos corrección política. Y el papel de profeta lo desempeña aquí Herbert Marcuse, a través de una línea de su pensamiento iniciada en 1956 con Una crítica de la tolerancia pura. En el desarrollo de sus primeros postulados, Marcuse llegará a formular una teoría resumida en un oxímoron: la tolerancia represiva. En ella está el fundamento ideológico de la actitud coercitiva que desde el ámbito escolar universitario promoverá el salto de la corrección política hacia el conjunto de la sociedad.

Existe para él una tolerancia destructiva que es aquella consentidora de los ataques a la verdad, que cree poseer en exclusiva el que la ejerce. De este modo, se conceden bazas inadmisibles y políticamente incomprensibles a los detentadores de intereses espurios contrarios a la revolución social. Por ello, en el contexto en el que Marcuse se mueve –dedica su alegato a los estudiantes de la universidad de Brandeis en Massachusetts– propone una tiranía educativa que se enfrente a la tiranía de la opinión pública, dominada por agentes reaccionarios.

El ejercicio de esta tolerancia represiva debía partir, como así ocurrió realmente con la corrección política, del sector de la educación, de los estudiantes y profesores universitarios, para convertirse luego en una presión masiva y generalizada antesala de una franca subversión. Sin que Marcuse utilice, hasta donde yo alcanzo, la expresión corrección política, que comenzará a circular poco tiempo después, en su pensamiento militante, enfocado intensamente hacia las comunidades educativas de su país de adopción, está el más claro fundamento de esa forma de tolerancia represiva que llegará a arraigar hasta hoy fuera de los recintos académicos, justificando lo que Ricardo Dudda resume en una frase impactante: “Los censores son hoy los buenos”.

De la corrección a la posverdad

No parece muy probable que Donald Trump haya sido asiduo lector de los filósofos franceses, de Jacques Derrida ni tampoco de Michel Foucault (y lo dudo también en el caso de Marcuse). Pero es evidente la conexión entre este clima de pensamiento posmoderno por ellos propiciado, que tuvo mayor arraigo en los campus universitarios norteamericanos que en Europa, y la posverdad.

La quiebra del racionalismo, el auge del “sentimentalismo tóxico” y la llamada “inteligencia emocional”, caracterizan nuestra “sociedad líquida”, liquidadora del Humanismo (sociedad poshumanista o transhumanista) y de la modernidad ilustrada (el posmodernismo). Una sociedad asimismo deconstructora del discurso en cuanto portador de significados incumbentes y aniquiladora de los “grandes relatos legitimadores”, los recios sistemas de pensamiento e ideología incapaces, al parecer, de resistir al relativismo y el anarquismo epistemológico posmodernos. Y este rubro que lo encumbró en USA no es más que el neologismo eufemístico de Derrida que pretende atemperar la lisa y llana destrucción de Heidegger en la que se inspira.


Este artículo está inspirado en el libro Morderse la lengua: corrección política y posverdad de Darío Villanueva.


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Darío Villanueva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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